Comentario a modo de introducción
Desde la perspectiva que otorga el paso del tiempo, es conveniente volver sobre los conceptos asimilados y puestos en práctica por la lingüística aplicada, concretamente desde la enseñanza de las lenguas. Los términos, metodologías y conceptos esenciales se pierden en imprecisiones en el uso cotidiano que hacemos de ellos. Como se suele decir, las cosas tienen que cambiar para que sigan igual; adoptamos los nuevos términos, pero acabamos haciendo lo mismo de siempre, ya sea por comodidad o desconocimiento, y enseñamos tal y como los propios docentes hemos aprendido.
El enfoque nociofuncional: definición y orígenes
De aquí la importancia de repasar conceptos y los términos que les dan nombre. El enfoque nociofuncional, que ha llevado al auge de lo comunicativo en la formación de nuestros alumnos y la de los propios docentes, necesita de una aplicación didáctica y metodológica cuidada y rigurosa. Es natural preguntarse, pues, en qué consiste el enfoque, qué son exactamente los contenidos funcionales y comunicativos, qué ventajas e inconvenientes puede reportar el hecho de incluirlos en los cursos de lenguas extranjeras y qué criterios didácticos orientan su aplicación efectiva.
Los cursos concebidos desde el enfoque nociofuncional organizan los contenidos mediante funciones comunicativas, que establecen categorías en la lengua desde el punto de vista de su uso. Poseen la excelente cualidad de ser comunes a todas las lenguas e independientes de los contextos concretos de uso. Las nociones lingüísticas son los conceptos a los que se refiere el enunciador cuando usa la lengua, y representan una categoría de abstracción superior a las funciones, con las que están estrechamente relacionadas. Por ejemplo, el segundo volumen de La gramática comunicativa del español. De la idea a la lengua, de Francisco Matte Bon, está estructurada en nociones, que agrupan (macro)funciones, que a su vez contienen (micro)funciones más específicas; estas últimas son las que se asocian a las formas lingüísticas que les sirven de medio de expresión. Estas formas lingüísticas reciben el nombre de exponentes funcionales, que nunca deben confundirse con la función comunicativa propiamente dicha.
Desde el enfoque nociofuncional, la comunicación se contempla como una forma de actividad que actúa sobre el mundo referencial, extralingüístico, y sobre el metarreferencial, el mundo metalingüístico. Las funciones que podemos categorizar de forma más clara son aquellas que tienen un nivel de concreción mayor y suponen una referencia más directa al contenido referencial propio del mundo extralingüistico. Sin embargo, debemos precisar que existen funciones más estrechamente vinculadas a lo extralingüístico que otras. Las funciones cuyo sesgo referencial es de carácter metalingüístico resultan, por lo común, resultan más dificilmente materializables como exponentes funcionales concretos.
El método nociofuncional es la versión práctica de un cambio de paradigma que se produjo en lingüística teórica. La contribución de la pragmática (heredera de los principios del cognitivismo y de la filosofía del lenguaje) fue decisiva para superar los planteamientos de la gramática tradicional y de los métodos situacionales durante los años 70 del siglo XX. La línea evolutiva que conduce al método nociofuncional parte de los tiempos en los que se gestó la gramática tradicional, pasó por los métodos audio-linguales propios de la lingüística estructural (años 50 y 60 del siglo XX), sumó la contribución cognitivista de la gramática generativa, hasta superar la barrera oracional con la ayuda de la lingüística textual. En general, se observa que los cambios de paradigma tienden a integrar perspectivas diferentes a partir de orientaciones interdisciplinarias.
El estudio del código lingüístico en sí mismo pierde su estatus como única herramienta válida para la enseñanza de las lenguas para considerar los aspectos mentales de los enunciadores y las coordenadas externas propias de la situación comunicativa. El paso previo al método funcional vino de la mano del método situacional, que en su momento trazó un esbozo de las categorizaciones funcionales de las que hemos hablado. La perspectiva nociofuncional dibujó situaciones, nociones y funciones con trazos más finos que los planteados desde el método situacional. Se realizó un esfuerzo para uniformizar criterios definitorios de objetivos y contenidos de los cursos de lengua, que se plasmaron en diversos documentos publicados enmarcados en el Proyecto del Consejo de Europa. Los objetivos se definieron en términos de capacidad (la capacidad de actuar con la lengua) y de funciones comunicativas (cómo se actua con la lengua). La especificación de un nivel umbral fue fundamental para establecer el nivel de conocimientos mínimo para ser capaz de sobrevivir en una lengua extranjera.
Ventajas e inconvenientes de aplicar el método nociofuncional
Si bien la gramática tradicional contempló el texto escrito como ejemplo a tomar en la enseñanza de la lengua, el enfoque comunicativo pone el acento en el uso de la lengua hablada. De esta forma, se proporciona un modelo de uso naturalmás cercano al propio de los hablantes nativos en múltiples contextos y registros. Así, se contemplan fenómenos lingüísticos que no se habían tenido en cuenta desde el punto de vista tradicional, al considerarse propios de la lengua hablada: repeticiones, expletivos, elipsis, aparentes incoherencias, etc. La comunicación se describe en términos de actos, que en gran parte son sociales y que se relacionan sobre todo con el mundo extralingüístico, sin dejar de lado al metalingüístico. Una vez descritos y catalogados los actos de habla, éstos se hacen previsibles, por lo que se habilita a los enunciadores para anticipar estos actos en una interacción, lo que representa, a su vez, una ventaja estratégica considerable en términos comunicativos.
Ya sabemos con certeza que conocer la gramática de una lengua no garantiza la capacidad de comunicarse con eficiencia. El método situacional supuso un acercamiento a la lengua oral y contempló además la situación como un elemento que interviene de forma decisiva en las interacciones verbales. El enfoque nociofuncional afinó los métodos del situacional y describió detalladamente la interacción como una acto compuesto por funciones previsibles que podían ser inventariadas. Este inventario de funciones codificadas proporcionan una suerte de metalenguaje extremadamente útil para leer las intenciones del interlocutor y favorecer la fluidez en la expresión de los enunciadores.
Al tomar en cuenta el contexto como un factor comunicativo más, incorpora de forma inherente elementos culturales y refuerza así los lazos evidentes entre lengua y cultura. Se hacen observables y descriptibles los comportamientos que los demás esperan de nosotros y podemos interpretar fácilmente las intenciones comunicativas de los interlocutores. Ser consciente de esto lleva a evitar los malentendidos y a potenciar la capacidad de analizarlos.
Al hablar los enunciadores cooperan para obtener significados, se negocian los significados como en una puesta en común entre dos o más participantes. Esta cooperación más o menos tácita entre enunciadores es decisiva para extraer esos significados que no se desprenden de los significados literales de los enunciados lingüísticos. Cuando la cooperación circula por debajo de lo explícito, hablamos de procesos inferenciales que llevan a las implicaturas. Si la cooperación se expresa explicitamente, podemos hablar, en general, de referencias metalingüísticas, de formas de (re)organizar y (re)conducir el discurso. La cooperación entre enunciadores se rige por unas normas o máximas que se suponen inviolables:
- Máxima de cantidad: debe haber un equilibrio informativo. No debemos informar más de la cuenta ni omitir detalles que dificulten la comprensión del mensaje.
- Máxima de cualidad: nuestras contribuciones deben ser verdaderas. Como un buen periodista, nunca hay que decir falsedades ni hablar de algo que no creamos contrastado.
- Máxima de relación: nuestra intervención debe ser relevante, relacionadas con el tema, con la información conocida de la que ya disponen los enunciadores.
- Máxima de modalidad: por supuesto, debemos ser claros al hablar y evitar las ambigüedades.
El principio de cooperación siempre se mantiene a salvo a pesar de que puedan surgir aparentes violaciones de sus máximas. De hecho, los enunciadores obtienen sus implicaturas de contrastes producidos entre lo que se considera correcto y la violación de las máximas. Los chistes y los juegos de palabras nos divierten por que somos capaces de descubrir las trampas comunicativas que se saltan este principio, por los saltos producidos entre sentidos literales e inferidos. Desde lateoría de la relevancia, se ha contemplado como básica y fundamental una de las máximas que dan forma al principio de cooperación, la máxima de relación, que precisamente pone el acento en el peso específico del contexto en la comunicación.
Los programas de enseñanza ganan en flexibilidad con el método nociofuncional. Se pueden concebir como sistemas modulares que se adecúen a las necesidades concretas de los laumnos, en función de los contextos y situaciones con los que vayan a tomar contacto al usar la lengua en la vida cotidiana. Los objetivos de aprendizaje se hacen más específicos: se enseñan sólo aquellas partes de la lengua que necesiten los alumnos.
El método no renuncia a la gramática por el hecho de haber superado los métodos tradicionales de la enseñanza de lenguas, bien al contrario, abre las perspectivas respecto a la descripción del código lingüístico. Favorece la estructuración y la comprensión de los contenidos gramaticales. Se enseña cómo usar la lengua y no tanto el explicar su funcionamiento interno al adoptar un enfoque onomasiológico (recordamos que el segundo volumen de la Gramática comunicativa del español lleva el subtítulo De la idea a la lengua) que evita la inducción y va de lo general (los significados) a lo particular (las palabras), con lo que se favorece la abstracción y la sistematización de los actos comunicativos. El enfoque semasiológico (el primer volumen de la Gramática comunicativa del español lleva otro subtítulo: De la lengua a la idea) de la gramática tradicional es de carácter inductivo y opera en el sentido contrario, de las palabras a los significados; desde esta última perspectiva, pues, se privilegia el enfoque particular de las formas lingüísticas.
Es más práctico para los estudiantes acercarse a la lengua desde el uso que tienen que hacer de ella. De esta forma pueden disponer de una categorización significativa, que no sería operativa des una aproximación puramente morfosintáctica. Es más útil en términos comunicativos disponer de un inventario de formas destinadas a expresar opiniones y deseos, por ejemplos, que no trabajar sobre un epígrafe puramente gramatical, como el de las oraciones condicionales La perspectiva onomasiológica evita también el uso excesivo de terminología gramatical, que muchos estudiantes no conocen.
Si operamos desde el enfoque semasiológico, debemos atenernos a la descripción del sistema lingüístico, ya que no está destinado a operar sobre los efectos expresivos contextuales. Estos son innumerables y no estarían en modo alguno codificados. De esta forma, atomizamos el potencial expresivo de los enunciados, sin que fuera posible agruparlos en categorías abstractas que nos permitieran una sistematización funcional en la práctica. El deber de la gramática se centra en la búsqueda de constantes en la lengua que provean a los encunciados de funcionalidades específicas en contextos diversos.
Para conseguir que los estudiantes adquieran la lengua en lugar de simplemente aprenderla, la gramática debe profundizar en determinados aspectos, como la infromación que se transmite, la actitud del enunciador y el grado de referencia al mundo extralingüístico, por encima de los aspectos más superficiales, como los relacionados con la morfosintaxis. Se trata de buscar constantes en la aparente diversidad de usos y contextos, lo que representaría una forma de aprender a comunicarse en la lengua extranjera en contacto con el mundo extralingüístico y también una manera de reflexionar sobre la propia lengua de estudio y el proceso de aprendizaje.
Se ha señalado que el principal defecto del enfoque consiste en presentar la lengua como un simple inventario de formas lingüísticas agrupadas, un conjunto de fórmulas fijas que encorsetarían la creatividad lingüística de los alumnos. El problema se ha salvado con la creciente sofisticación de los programas, que han incluído una mayor variedad y naturalidad en las muestras de lengua que se incluyen. Existe otra dificultad inherente al método que concierne a la conceptualización de la lengua en aspectos más abstractos o metalingüísticos, que se muestra muy presente en la elaboración de programas para niveles avanzados.
Asímismo, se han observado dificultades para elaborar o seleccionar ejercicios que sean realmente comunicativos, donde se trabaje con una lengua natural y espontánea. En cualquier caso, las actividades se graduarán desde un nivel en el que las funciones seleccionadas sean pocas pero muy rentables comunicativamente hasta ejercicios de comprensión para presentar una mayor variedad de funciones comunicativas. De forma intuitiva, algunos aprendientes de lenguas extranjeras buscan ampliar su repertorio de exponentes funcionales mediante ejercicios de comprensión escrita y oral. La clave del éxito radica en establecer un equilibrio entre la capacidad de presentar muestras de lengua lo suficientemente variadas y al tiempo procurarles un grado de sistematización que las haga asimilables. El docente debe concienciar a los alumnos de que, al principio, ya podrá usar recursos expresivos -por limitados que sean- que le permitirán producir enunciados en la lengua meta.
El criterio de organización para un programa de contenidos sigue tres etapas. Primero, el docente debe trazar un perfil del alumnado para saber los contextos en los que usará la lengua y conocer los objetivos, causas y motivaciones que les llevan a aprender la lengua meta. A partir de aquí se puede trazar el listado de contenidos nociofuncionales y los contenidos gramaticales asociados a estos. En una segunda etapa, se analiza la realidad, siempre "artificial", de la dinámica del aula, que siempre será diferente a las situaciones reales a las que el alumnado deberá adaptarse. En último lugar, se readapta la gramática y las formas lingüísticas a partir de la reflexión realizada en la segunda etapa.
Comentarios a modo de conclusión
Como ya hemos señalado al comienzo, el enfoque nociofuncional puede aplicarse de forma poco rigurosa, de manera que los contenidos gramaticales tradicionales se vestirían con ropajes comunicativos. Como se suele decir, a veces los peores defectos son las mejores virtudes. La enseñanza nocio-funcional corre el riesgo de atomizarse al enseñar por separado actos de habla de una forma artificiosa y poco natural. Poner nociones y funciones comunicativas por delante no es más que otra manera de categorizar la realidad extralingüística y en gran parte también, la propiamente lingüística. Otros enfoques que han seguido al nocio-funcional, como el enfoque por tareas, superan esta categorización atomizadora para otorgarle al sílabo un mayor carácter comprensivo. El enfoque parte también de una de las grandes virtudes del método nocio-funcional, consistente en ver la lengua como acción, como instrumento para intervenir en la realidad. En este nuevo método de enseñanza no se anticipan las funciones y los exponentes funcionales que se van a tratar, sino que parte directamente desde las tareas, concebidas como procesos que implican diferentes actividades de uso de la lengua destinadas a cumplir objetivos determinados. Las actividades no se sitúan, pues, bajo epígrafes funcionales, sino que estas constituyen los mismos epígrafes del programa de contenidos. Además, en el enfoque por tareas, el aspecto formal de la lengua adquiere mayor relevancia que en el nocio-funcional.
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